sábado, 28 de enero de 2012

Sobre el #TwitterBlackout del 28E y la solidaridad








El viernes 27 de enero debatían en Twitter aquellos que pensaban que lo mejor era hacer un #TwitterBlackout, una huelga de uso de este servicio que presta una empresa privada, el sábado 28 de enero. Ese sábado debaten los que consideran que no hay suficientes motivos para hacerlo, que se está creando miedo sin fundamento alguno. Cada uno da sus razones, cada uno argumenta sus cosas, todas respetables.

Yo he participado en este #TwitterBlackout, y no hace falta entrar en Twitter para saber qué opinan quienes critican a los que lo han hecho. La relevancia de este medio es tal que cualquiera puede ver reflejados los comentarios en Blogs, páginas digitales de periódicos, etc. He leído comentarios infantiles, como aquellos que decían que si la gente estaba disgustada con el servicio, que eliminara su perfil y solucionado. Bien, es como si un trabajador se disgusta con su jefe y, sencillamente, la solución es no volver a acudir a su puesto de trabajo. Brillante reflexión esta de @xaviconde.


Twitter es una herramienta de comunicación que sirve para compartir ideas, para descubrir nuevas, para debatir, para organizar. Su peso en los medios tradicionales es obvio. Hay gobiernos que, a día de hoy, han parado medidas acordadas aludiendo a la presión ejercida en Twitter. Por eso, ante la más mínima sugerencia sobre cambios en las políticas de control de lo que libremente escriben sus usuarios, hay que reaccionar antes de que sea demasiado tarde. Porque, además, no todos escribimos desde España, o desde países donde se supone que estas libertades están más o menos garantizadas. Muchos hemos seguido la Guerra de Libia, por ejemplo, no solo a través de lo que los medios tradicionales contaban, sino a través también de lo que ciudadanos de las urbes en conflicto contaban sobre su día a día. 


No voy a debatir sobre los motivos del NO. Repito, los respeto. Tal vez tengan razón. Pero defiendo que era la respuesta adecuada a una sugerencia de cambio de control que cede a los Gobiernos la posibilidad de controlar los contenidos en base a sus propias leyes. Porque, más allá del hecho simbólico, está el contexto. Y el contexto es el cierre de Megaupload, es la aprobación de leyes que dicen combatir la Piratería pero que esconden otras muchas cosas, porque no solo buscan favorecer los beneficios de grandes discográficas o productoras. El contexto es una reducción de derechos generalizada, una marcha atrás a la que asistimos insólitamente pacíficos.


He visto también que los amigos de @acampadasol tampoco creyeron necesario ese día sin Twitter. Están en su derecho, porque querían publicitar sus Asambleas. Tal vez esto sí me moleste. Son ya muchas las veces que anteponen lo suyo a lo de los demás. No hablo solo de las víctimas que yacen en las cunetas o de la Guerra de Libia. Eso que querían que fuese de todos (el 15M) es cada vez más suyo. Ellos sabrán. 


Pero también hay otra cosa. Se llama solidaridad. Es esa extraña cualidad que permite a uno participar en algo que perjudica a otros aunque no a sí mismo. Es eso que lleva a apoyar o defender una Huelga a pesar de que por sus circunstancias personales, las reformas que llevan a ella no le afecten. Es unirse, hacer algo colectivo como protesta ante algo que, vaya o no a ocurrir, es solo el reflejo de una cadencia de pérdida de derechos. 


Hay veces que uno va al cine a ver una película o de vacaciones a un lugar porque acepta lo que sus amigos quieren ver, aunque no le motive, aunque no crea en ello, aunque piense que es un error. Se llama sentido colectivo y tiene un marcado carácter democrático. Tal vez los que hemos apoyado este #TwitterBlackout, nos equivocamos. Tal vez no. Pero se ha lanzado un mensaje, y eso es lo que importa. 


En definitiva, lo más curioso de todo es que, cuando las propuestas no vienen de grandes corporaciones, las rebatimos hasta la saciedad, problematizamos de la A a la Z. Pero cuando una empresa de comunicación nos vende un producto que nos interesa (por ejemplo, la Sexta con sus programas para indignados) corremos a hacerles el negocio en Twitter cuando sabemos, o deberíamos saber, que a ellos lo único que les interesa es rentabilizar en audiencia y relevancia su producto. Y ese sí que lo consumimos con gusto.


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